Ansiedad: ¿Qué es?

En circunstancias normales, la ansiedad constituye una respuesta normal de nuestro organismo cuando presiente un posible amenaza o riesgo para nuestra integridad. Tiene la misión de ponernos alerta ante esa situación para estar prevenidos y adoptar una actitud adecuada.

Sin embargo, la vida en la sociedad moderna, y la presión a la que nos vemos sometidos en nuestro día a día, han llegado a convertir la ansiedad en una respuesta exagerada, provocando miedos y temores desproporcionados. De ahí que este tipo de trastornos sean tan comunes.

Los síntomas más frecuentes manifestados por una persona que padece ansiedad son un intenso malestar por miedo, terror o angustia, con los síntomas físicos que lleva aparejados, como temblores, sudoración, incapacidad de actuar, bloqueo mental, etcétera.

La actitud del paciente, sin embargo, tiene una notable influencia en la evolución del trastorno, pues a menudo es frecuente en personas con ansiedad el tener la cabeza llena de pensamientos negativos y amenazantes, que contribuyen a aumentar sus miedos, formándose así un círculo vicioso.

La ansiedad es una respuesta normal de cualquier organismo sano
La ansiedad es una respuesta normal de cualquier organismo sano. Imagen de Stefan Keller en Pixabay

Tristemente, las personas a menudo ni siquiera son conscientes de ello.

Las personas con ansiedad sienten miedo ante el futuro

La principal característica de la ansiedad es ser una respuesta de nuestro organismo ante lo que percibimos como una amenaza inminente. Dicho de otra forma, la persona siente que algo malo está a punto de ocurrirle, y este sentimiento es percibido de manera muy real.

La ansiedad sirve, en efecto, para ponernos en guardia ante un posible peligro, ya sea físico o emocional. De hecho, el simple acto de imaginar ese peligro puede disparar nuestra ansiedad. El problema ocurre cuando sobrepasa los límites saludables.

Cuando nuestra ansiedad pasa de “normal”, a “enfermiza”

Cuando imaginamos, por ejemplo, que caminamos por una pasarela suspendida a 30 metros de altura, parece natural que la ansiedad entre en acción, pues evidentemente, es una tarea peligrosa y puede suponer un serio riesgo físico para nosotros.

La ansiedad te alerta y te avisa de que no lo hagas. El mecanismo de defensa cumple su función.

Sin embargo, cuando esa misma reacción aparece ante actos inofensivos, como pasar junto a un pacífico perro, o reclamar a tu superior laboral algo que te corresponde, entonces ya no se trata de un mecanismo de defensa adecuado, sino de unos síntomas paralizantes que te impiden realizar con normalidad actos cotidianos de la vida.

El estrés y la ansiedad a veces son confundidos
El estrés y la ansiedad a veces son confundidos. Imagen de Pete Linforth en Pixabay

En este caso, ya podemos hablar de ansiedad patológica o, lo que es lo mismo, “enfermiza”.

Se trata de un trastorno conductual, que puede tratarse desde la óptica de la terapia cognitiva o conductual, pero en todo caso, precisa de que el paciente se de cuenta de qué le ocurre, sea capaz de identificar su problema y las soluciones que tiene a su mano para solventarlo.

Ni la mejor terapia puede ayudarte si no pones todo de tu parte para combatir la ansiedad.

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